Como NO crear una cultura de innovación en tu empresa

Como NO crear una cultura de innovación en tu empresa

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Supongamos que quieres crear una cultura de innovación en tu empresa.

O sea, que quieres que todas las personas aporten su talento, sus ideas tanto de mejora como de disrupción, sean proactivas, tengan al cliente en el centro, se atrevan a experimentar, a fallar, a proponer, a investigar…

Todas. Desde el recepcionista, hasta el CEO. Desde el director de innovación hasta la administrativa. Desde la financiera hasta el transportista.

En definitiva, supongamos que quieres que todas las personas de tu empresa den lo mejor de sí.

Eso se consigue con una cultura de innovación.

Ahora supongamos que eres el CEO, o el propietario o el director de innovación.

Eres visionario, eres innovador, tienes esa cultura deseada y quieres que se expanda por el resto de la empresa.

Pues no esperes que te cuente cómo hacerlo.

En mi experiencia (unos cuantos años) creando culturas de innovación en empresas que me contratan para ello, lo más importantes es qué NO hacer.

Veamos las 7 frases que te indican lo que NO hay que hacer.

Recuerda que lo que haces viene de lo que piensas y dices. Así que alguna de estas cosas se definen muy bien con frases que delatan lo que pensáis.

1.- “Esta empresa es muy especial”

O su versión “Nuestro sector es muy especial”.

Un magnífico indicador de que vives en una burbuja.

Yo he tenido la “suerte” de no ceñirme conscientemente a un solo sector en mi época de innovación, cuando mis competidores se centraban en mobiliario, o salud, o smartcities o cualquier otro.

Resulta que eso de que su empresa/ sector era muy especial me lo decían todos.

Así que una de dos.

O es cierto que todas y cada una de las empresas son muy especiales, muy complejas y tienen necesidades muy específicas.

O todas y cada una de las empresas al final tienen los mismos retos y las mismas necesidades de base.

A la conclusión que he llegado es que no hay nada especial. Todos tenemos muchísimo más en común de lo que creemos. Seguro que hay un sesgo por ahí que lo explica.

En 2013 realicé un proyecto de Transformación Empresarial Honesta © con un cliente del sector alimentación, con clientes en Asia, Europa y EEUU.

Ellos tenían la creencia de que las culturas eran tan diferentes en cada área geográfica, que debían tener productos distintos para cada una. Más siendo tema cocina…

Hicimos una sesión para entender bien a esos usuarios “tan distintos”.

El cliente, de manera autónoma llego a la conclusión de que los distintos usuarios de Asia, EEUU y Europa tienen las mismas necesidades.

Quedaron realmente sorprendidos.

Esto alguien que esté constantemente explorando distintos sectores sin encerrarse en una burbuja, lo tiene medianamente claro.

Explorar el mundo crea cultura de innovación. 

Creerse el centro del mundo, no.

2.- “Esto siempre se ha hecho así”

Todo un clásico.

Como la anterior pero hablando del pasado.

“Somos muy especiales y además queremos seguir siendo así de especiales”.

Es una frase tremendamente estática.

Identifica esta frase cuando la digas o te la digan y ponte manos a la obra para desmontar la creencia que hay detrás (“Como siempre se ha hecho así no podemos hacerlo de ninguna otra manera”).

Date el permiso de hacerlo diferente a como siempre se ha hecho.

Tiene su versión más radical en “Es que nosotros somos así”.

Porque no habla del pensar o hacer, habla del ser (“somos”).

Peor aún, si es que es posible.

Si identificas estas frases en tu empresa, levanta una alarma.

3.- “Manolo es un crack”

Si además Manolo es el CEO o propietario de la empresa puede que tengamos un problema.

Si es verdaderamente un crack, una persona tremendamente visionaria, un innovador, alguien que ve lo que otros no ven y que “siempre acierta o siempre tiene razón”, tenemos un gran problema.

O no.

Normalmente tiene una personalidad que abruma a los demás y nadie se atreve a hacerle sombra, a brillar.

Porque su brillo más que dar luz, deja ciegos.

Y ante esto la gente se pone las gafas de sol y se repliega.

Esto sucede con un tipo de empresario innovador, lleno de ideas, de visión, de comprensión del cliente (o al menos eso cree).

En una ocasión un cliente (propietario y CEO de una empresa) estaba frustrado porque nadie aportaba ideas al buzón de ideas.

El era así, innovador, como lo he descrito antes. 

Y claro, eso de delegar y dejar que los demás tuvieran iniciativa y se equivocaran, como que no estaba entre sus comportamientos.

Tras algunas sesiones sacó una creencia suya: “Sólo yo sé realmente lo que el cliente quiere”.

No digo que no fuera cierto, pero lo que sí observamos es que con esa creencia tenía una serie de comportamientos que hacían que a la gente se le quitasen las ganas de aportar ideas.

Total, las ideas buenas ya las tenía el CEO.

En otro proyecto el problema es que era tan innovador el director y tan exigente, que en lugar de fomentar la participación fomentaba el miedo a fallar.

4.- “Creemos el área de innovación”

Es una paradoja pero crear un área de innovación mata la cultura de innovación en la empresa.

Te cuento otra historia.

Otro cliente, también CEO de una empresa, tenía el problema de siempre: él era el que realmente tiraba del carro de la innovación en su empresa.

Y se sentía frustrado porque quería que todas las personas de la empresa aportaran ideas. Las que fueran. De mejora o de innovación. 

Pero apenas algunas personas de aquí y de allá alimentaban el buzón de ideas.

Un buen día tuvo una idea: crear el Departamento Creativo. No el departamento de marketing, ni el de publicidad ni nada parecido. El Creativo. 

¿Resultado?

Que las pocas personas que aportaban ideas dejaron de hacerlo, porque para eso ya estaba el Departamento Creativo.

Y los del Departamento Creativo tampoco, porque estaban acojonados.

Ese CEO era muy creativo y exigente con la creatividad. Además a esa área no se le consultó si quería ser el área creativa de la empresa. Y por si fuera poco el CEO estaba constantemente aportando ideas a esa área. 

Vamos, un despropósito.

Etiquetar como “creativo” o “innovadora” a una parte de la empresa es la escusa perfecta para que el resto ni se esfuercen en serlo.

¿Y entonces quien se encarga de innovar? 

Como verás más adelante innovar va de actitud, así que esto va de que el departamento de marketing, de producto, financiero, etc. tengan esa actitud de la innovación. 

Y que innoven, cada uno en su área.

O crear un equipo trasversal de facilitadores de la innovación, que no de innovadores.

Pero esto es otra historia.

5.-  “La tecnología es la clave para la innovación”

Innovar también es cuestión de foco.

No somos multitarea. Sólo podemos poner atención a una única cosa. Demostrado científicamente (qué poco me gusta esta frase, pero funciona).

Si te centras en la tecnología o en herramientas como por ejemplo el design thinking (persona, customer journey map, etc.) estás poniendo el foco en la tecnología o en la  herramienta.

Peor cuanto más compleja la herramienta.

Y cuando pones el foco en la herramienta no lo pones en lo importante.

A saber:  aportar valor novedoso a tus usuarios. 

Innovar no es ni más ni menos que esto.

Cualquier otra definición seguro viene de quien no ha innovado en su vida, o ha confundido innovación con hacer algo distinto, o con mucha tecnología. Que es lo mismo que no haber innovado.

Siempre hablo desde la experiencia y yo sin herramientas o con herramientas realmente simples he conseguido innovar a nivel mundial, en varios sectores, en 5 continentes, creando patentes mundiales y siendo premiado con 6 premios internacionales de innovación (de los que no te regala la revista de turno o el amigo de la cámara de comercio).

Menos herramienta y más proceso.

Y mejor un proceso sencillo como el proceso Entiende-Crea-Realiza que creé en 2001 para poder hacer aquellas innovaciones (y que desde 2009 enseño a mis clientes).

6.- “La innovación se ha de poder medir”

En la era de la data, la obsesión por medir nos está alejando de lo esencial. 

También del objetivo de tener una cultura de innovación en la empresa.

El número de productos nuevos en los últimos años o facturación de esos mismos productos innovadores, es poner el foco en medir.

Vamos a ver, la innovación es actitud. Sólo eso.

Todo lo demás es superfluo.

Por eso una actitud obsesiva en mejorar constantemente y tener al usuario en el centro, hacen más por una cultura de innovación en la empresa que cualquier métrica.

Las métricas podrían parecer que están bien.

Te sirven para “gamificar” el trabajo.

Si este año has conseguido 5, el año que viene vamos a por 10!

Pues no.

Esa no es la manera.

Crear actitud y motivación intrínseca hacia innovar es la manera.

Por cierto, la actitud ¿Cómo la mides?

Mejor siéntela

En cualquier empresa que he preguntado si sienten que son creativos, innovadores o si tienen al cliente en el centro, tienen muy claro si sí o si no.

No necesitan medirlo. Lo sienten. Y no fallan en su diagnóstico.

Siente la innovación y no quieras medir la innovación.

7.- “Somos una empresa con el foco puesto en la innovación”

Qué paradoja.

Cuanto más te obsesiones por innovar, peor.

Es como el que busca dinero. 

No lo va a encontrar o no le va a durar. 

Enfócate en aportar valor y el dinero vendrá.

Con la innovación lo mismo.

Enfócate en aportar valor, en la mejora continua y en hacer lo que creas que debes hacer sin importarte lo que los demás piensen, digan o haga.

Y la innovación aparecerá, cuando tenga que aparecer, no cuando tú quieras que aparezca.

Y un extra.

Hazte esta pregunta ¿Para qué innovar?

Probablemente respondas que para ser diferentes y no competir en el océano rojo.

Cuando descubres que la diferenciación = innovación x autenticidad, entonces decides que no quieres innovar.

Porque la innovación es copiable pero la autenticidad no. 

La autenticidad multiplica la capacidad de innovación para ser diferentes.

Lo que quieres es crear procesos para entender qué tiene valor para tus usuarios, crear eso que tiene valor y hacerlo realidad. O sea, entregar ese valor novedoso que has creado.

¿Te acuerdas del proceso Entiende-Crea-Realiza?

Con este proceso te da igual si lo que descubres es más o menos novedoso o “innovador”. 

Lo único que importa es que tenga valor para el usuario, que es quien va a hacer sostenible tu negocio.

Simple.

Sentido común.

El menos común de los sentidos.

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