Filosofía y aprendizajes para la vida desde mis 50 tacos

Filosofía y aprendizajes para la vida desde mis 50 tacos

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Filosofía y aprendizajes para la vida tras mis 50 tacos de existencia.

Por que hoy 24 de julio cumplo 50 tacos.

Lo que para muchos puede parecer no ser algo extraordinario, para mí se ha convertido en un celebrar la vida.

De hecho la foto de portada corresponde a la fiesta de cumpleaños que celebré este viernes en Madrid con un montón de amigos de toda España.

Fiel a mi esencia te comparto mi filosofía de vida y 15 aprendizajes de estos 50 años en esta experiencia que es la vida en la tierra.

 

 

 

1.- La experiencia de vivir esta vida es un regalo.

No había sido tan consciente de ello como en los últimos años.

De hecho soy consciente, y por eso celebro estos 50, de que podría no haber llegado hasta aquí.

Cualquier accidente de los que he tenido (coche, esquí…) o mi intervención en el riñón o cualquier otro acto fortuito podía haberme sacado de la partida.

Así que (casi) cada mañana busco levantarme desde la consciencia y agradecer a la Vida el nuevo regalo de un día más.

Ser plenamente consciente de la muerte y mirarla a los ojos, me ayuda.

2.- No somos nuestra mente.

Este videojuego que es vivir esta dimensión en este planeta tiene sus pruebas.

Una de las pruebas que es común a todos los mortales es la del desapego de nuestra mente (nuestras propias creencias, nuestros pensamientos).

Vivimos con un exceso de atención a lo que nuestra mente dicta.

Todo cambió para mí cuando descubrí que mi ego se comunica a través de mi mente.

Y como escuché una vez a alguien “el ego casi nunca quiere lo que te hace bien”.

Fue entonces cuando aprendí a separar lo que la mente dicta de quién soy.

No soy mi mente.

Y así aprendí a escuchar al corazón y a mi intuición.

Algo que había hecho de manera inconsciente de joven, empecé a hacerlo consciente ya con una edad.

3.- Todo pasa.

Todo.

Incluso esos momentos de oscuridad donde pierdes hasta la esperanza.

Esos momentos donde ya no encuentras sentido a vivir esta experiencia y quieres terminar la partida.

Esos momentos donde por mucho que lo intentes no ves solución.

Hasta esos momentos pasan, y tras ellos se encuentran los momentos de luz, de alegría, de tristezas, de retos, de aprendizajes y en definitiva momentos que son vida.

4.- Todo pasa para algo.

Brutal el cambio que se produce en tu vida cuando entiendes que no tienes el control al 100%.

Tienes el poder de elegir qué haces con lo que te pasa, con lo externo a ti. Pero no tienes el control de lo que no está dentro de ti.

Un gran alivio, una descarga de la parte de responsabilidad que no te corresponde.

La vida te reserva aprendizajes para que puedas llevar a cabo tu propósito de la mejor manera posible, y algunos de esos aprendizajes son duros de digerir.

Pero ten la certeza de que te pasa lo que te tiene que pasar.

Sé que puedes pensar que hay ciertas cosas que no deberían pasarle a nadie. Es cierto, pero aún esas cosas pasan para algo.

La vida es sabia.

Ríndete a ella, deja de luchar contra lo que no depende de ti. No tiene sentido.

5.- Cambiar de ideas es maravilloso.

He cambiado de equipo de futbol, de ideologías y de religion (posición respecto a Dios). Y me he quitado del futbol, de las ideologías y de las religiones.

Y así con todo.

Y con el tiempo (hace ya muchos años) me he convertido en un auto-cuestionador.

Disfruto investigando, cuestionándome mis propias creencias, buscando otras verdades y me produce un auténtico orgasmo mental descubrir cosas que desconocía o creía diferentes.

Procuro evitar estar mucho rato con personas que no se cuestionan a sí mismas.

6.- El cuerpo.

Cuando uno va reconectando más y más con su dimensión espiritual, al principio suele abandonar sus otras dimensiones.

Consideras todo lo material como algo banal, sin la importancia de lo metafísico.

Incluyo aquí al dinero.

Y por supuesto al cuerpo.

Pues bien, una vez más estaba equivocado.

Una de las maneras más evidentes de cuidar nuestra dimensión espiritual es cuidar nuestro cuerpo, nuestro templo.

Y no sólo cuidarlo, sino también vivirlo, escucharlo, sentirlo. Vivir desde el sentir a través del cuerpo (los sentidos).

También he aprendido que no tenemos ni pajolera idea de cómo cuidar nuestro cuerpo, aunque creamos que sí.

La vida “moderna” y la “comodidad” no ha desconectado tremendamente de él.

De momento voy por un camino de décadas de aprendizaje brutal, y tiene pinta de no acabar.

 

 

7.- Agradecer.

Si tuviera que elegir un sólo hábito mental para estar en esta partida de la vida, elegiría el hábito de agradecer.

No me refiero agradecer lo bueno que te pasa.

Me refiero a agradecer lo que te pasa, sin “lo bueno”.

Si has integrado que “todo pasa para algo”, este hábito está chupado.

Agradecer algo o a alguien cada día te cambia tu actitud ante la Vida.

Le estás lanzando un mensaje muy claro a la Vida y ella te corresponde.

 

 

8.- Despacito y con amor.

El ritmo de vida que nos hemos impuesto es insano e inhumano, o sea, no está hecho para el ser humano.

Hace unos 15 años alguien me señaló como un referente en el modo de vida slow (vivir despacio) y me extrañó.

Ahora sé que esa persona vio mi intención no consciente de vivir de una manera más sostenible para mí.

He sido especialmente consciente de esto cuando me he visto haciendo trabajos, tareas e incluso actividades con mi hijo, de manera automatizada, sin disfrutarlas. Hacerlas porque hay que hacerlas.

Cuando mi hijo era pequeño le enseñé a hacerse la tostada del desayuno con amor. Despacito, poniendo esmero y sobre todo eso, amor.

Mi maestro (mi hijo) me hizo consciente de ese ritmo frenético donde el amor ha desaparecido de nuestras acciones cotidianas.

Desde entonces vivo con la firme intención de poner amor en todo lo que hago.

Desde hacerme la cama o tener una conversación con mi hijo, hasta realizar un proyecto con una empresa.

Y acompaño a empresarios y emprendedores a que vivan sus empresas desde el amor y no desde el crecer por crecer.

9.- Dar sin esperar recibir.

Último aprendizaje de mi experiencia vital.

La vida ha sido extremadamente generosa en su mensaje claro: Héctor, aprende a dar sin recibir.

A dar mucho sin recibir nada.

A dar cuando no tienes y a no recibir cuando realmente lo necesitas.

Un gran desequilibrio para que aprenda una de las lecciones que más me está costando.

Un aprendizaje que he de hacer para poder poner mi propósito en otro nivel.

Seguimos.

10.- El propósito.

En este videojuego una de las partidas más apasionantes y que lo cambia todo es conseguir vivir con un propósito.

O sea, vivir con un sentido, un para qué, una misión.

He tenido la inmensa suerte de que mi propósito fue a mi encuentro en 2008.

Vivir en propósito es la única manera de vivir plenamente.

Una vez se hizo un experimento con un grupo de enfermos terminales de cáncer.

Se les dijo que les quedaba 6 meses de vida y se les preguntó qué querían hacer para aprovechar esos 6 meses.

Lo que hicieron fue vivir aquello que siempre quisieron vivir. Vivir su vida.

Los enfermos sanaron su cáncer.

No vivir en propósito te enferma.

La opción para mí es clara.

Vivir desde el propósito es lo que me ha ayudado ha navegar los momentos de dificultades, que los hay, y a veces muy duros.

Vivir en propósito te da paz.

Desde 2010 también acompaño a empresarios y emprendedores a que caminen hacia su propósito y creen su propio GPS Vital.

11.- La compasión.

Por cómo está la educación (padres, profesores y sociedad) tenemos una fuerte tendencia a juzgar.

A lo largo de mis 5 décadas he tenido que hacer un enorme trabajo para rebajar mis juicios.

¿Cómo?

A través del entendimiento de la realidad de los demás.

Y a través de él, llegar a la compasión.

Del entendimiento a la compasión.

Y no sólo a través del entendimiento de la realidad de los demás.

También a través de la conciencia de que no sabemos. Y como no sabemos, mejor no juzgar.

La compasión es el vehículo del amor.

La compasión hacia los demás y ¡ojo! hacia uno mismo.

La compasión me ha traído perdón y paz.

12.- Los valores son realmente útiles.

Casi siempre, desde pequeñito, he sido fiel a mi mismo.

¿Y qué significa ser fiel a uno mismo?

Ser fiel a aquello que es importante para mí. O sea, mis valores.

El caso es que me sorprende ver lo poco que las personas (y empresas con las que he trabajado los valores) utilizan esos valores como una herramienta realmente práctica.

¿Cómo se hace? Defines los 3 valores más importantes para ti en este momento. 3 no 4.

Y luego antes de tomar cualquier decisión pones esos 3 valores delante.

Vivir en coherencia con mis valores me ayuda a no desgastar mi energía y a tomar mejores decisiones.

13.- Aprender de todos y de todo.

Con el tiempo he ido aprendiendo a aprender de cualquier persona o hecho.

Y no me refiero a que “cualquier persona, de cualquier edad o condición puede ser una persona excelente”.

Me refiero a que cualquier persona, sea “excelente” o no, tiene aprendizajes para ti.

Esto te lleva directo a tu propia excelencia y a tener una mente abierta y un pensamiento crítico.

14.- No todo vale.

Vivimos tiempos donde todo vale. Que si todo es relativo, que si esto es mi opinión, que si no hay una verdad, que si…

Una era de ofendiditos y mediocres.

Yo rechazo tajantemente la mediocridad.

Frente a ella propongo el inconformismo.

El inconformismo comienza con un cuestionamiento de uno, de sus creencias, de sus propias ideas, buscando crecer.

Frente a la mentalidad de escasez, la de abundancia.

Frente a la mentalidad estática, la de crecimiento.

Los mediocres no aportan lo mismo a la sociedad que los inconformistas.

A mí no me vale todo. Ni el café para todos.

Pongo límites.

Es mi responsabilidad con la humanidad dejarla mejor que la encontré.

15.- Alma libre.

Y cierro esta serie de aprendizajes y filosofía de vida con la mejor definición que han hecho de mí.

Me la regaló un famoso inversor, el cual me invitó a su casa en el centro de Madrid.

Nos tomamos algo en su terraza y tras más de una hora de conversación me preguntó: “¿Qué opinas de mí?”.

Yo le desarrollé mi respuesta.

AL terminar quise saber lo mismo, pero de mí –“¿Y tú que opinas de mí”.

“Eres un alma libre”.

Así, sin más. Sin desarrollo. “Alma” y “libre”.

Y creo que no hay nada que describa mejor mi existencia desde el año 0 hasta el año 50 en esta experiencia terrenal.

Desde entonces cuando me entrevistan y me preguntan la típica pregunta de –“¿Quién es Hector Robles?” – respondo sin más –“Un alma libre”.

 

 

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¿Cuál de los 15 puntos te ha llamado más la atención o ha resonado contigo en este momento? Te leo.

 

 

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